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Natalia Osorio: Naturesse

Cuando hacer empresa también significa cuidar el mundo

En una época donde muchas marcas hablan de sostenibilidad mientras continúan operando desde la conveniencia, existen empresas que nacen desde un lugar completamente distinto. Empresas que no aparecen porque un estudio de mercado mostró una oportunidad rentable, sino porque alguien decidió convertir su forma de ver el mundo en una filosofía empresarial real. Ese es el caso de Natalia Osorio y de Naturesse, protagonistas de este episodio de Con Alma AL AIRE.

Pero esta conversación no gira únicamente alrededor de cosmética natural, productos biodegradables o sostenibilidad ambiental. En realidad, este episodio habla sobre coherencia. Sobre lo que significa construir una empresa donde las decisiones no se toman únicamente pensando en rentabilidad, sino también en el impacto humano, social y ambiental que generan.

Naturesse: una empresa con propósito que nació mucho antes de existir

Desde el comienzo del episodio queda claro que Naturesse no nació por tendencia. Mucho antes de convertirse en ingeniera química o emprendedora, Natalia ya tenía una relación profundamente conectada con la naturaleza.

Mientras muchos niños soñaban con juguetes tradicionales, ella pedía un microscopio. Mientras otros apenas comenzaban a entender el mundo, Natalia ya sentía fascinación por los procesos biológicos, por la naturaleza y por el impacto que tenemos sobre ella.

Esa conexión no apareció de repente cuando decidió emprender. Venía desde su infancia, desde su formación como scout, desde el respeto que aprendió a sentir por el medio ambiente y desde una sensibilidad que terminó convirtiéndose en el ADN completo de la empresa.

Y ahí aparece algo muy poderoso dentro del episodio: las empresas auténticas normalmente nacen mucho antes de existir legalmente. Nacen en los valores, en la historia y en la conciencia de quienes las crean.

Sostenibilidad real vs greenwashing: la gran conversación pendiente

Uno de los temas más importantes del episodio es la diferencia entre sostenibilidad auténtica y greenwashing. Hoy prácticamente todas las marcas quieren verse sostenibles. Muchas hablan de ingredientes naturales, responsabilidad ambiental o compromiso ecológico. Pero Natalia plantea algo fundamental: que un producto diga “natural” no significa automáticamente que sea responsable. Y ahí entra una reflexión muy potente.

La sostenibilidad no puede reducirse a una etiqueta bonita ni a una estrategia de marketing. La verdadera sostenibilidad implica entender toda la cadena detrás de un producto: de dónde viene la materia prima, cómo se produce, qué impacto genera y cuáles son las consecuencias reales de fabricarlo.

En otras palabras: no todo lo natural es consciente.

Esa conversación se vuelve especialmente relevante en una época donde el consumidor recibe constantemente mensajes diseñados para parecer responsables, aunque detrás existan procesos completamente incoherentes.

Qué significa realmente ser una empresa triple impacto

En el episodio también se profundiza muchísimo sobre lo que significa ser una empresa triple impacto y una empresa BIC. Y acá Natalia deja algo clarísimo: la sostenibilidad ambiental por sí sola no alcanza. Una empresa verdaderamente sostenible también necesita ser social y económicamente responsable. Eso implica algo que muchas compañías todavía no entienden: las personas no pueden ser simplemente recursos dentro de un engranaje productivo.

Naturesse ha construido gran parte de su filosofía alrededor de darle oportunidades reales a personas que normalmente serían excluidas del mercado laboral formal. Jóvenes recién graduados, personas provenientes de contextos vulnerables y colaboradores que necesitan una oportunidad para transformar su realidad.

Y ahí aparece una de las frases más importantes del episodio: los ciclos de pobreza se rompen con trabajo formal. No con discursos. No con campañas publicitarias. Con oportunidades reales.

Emprender con propósito: el costo invisible de hacer las cosas bien

Otro momento profundamente valioso del episodio llega cuando Natalia habla sobre emprender. Lejos de romantizar el emprendimiento, describe con muchísima honestidad lo que significa vivir constantemente “al filo del abismo”. La incertidumbre permanente, la presión emocional y la responsabilidad que implica tomar decisiones sabiendo que detrás existen decenas de familias dependiendo de la empresa.

Y ahí la conversación toca algo importantísimo: emprender con propósito normalmente implica crecer más lento. Porque cuando una empresa decide actuar desde la coherencia y no solamente desde la conveniencia, aparecen renuncias inevitables. Procesos más costosos. Decisiones incómodas. Oportunidades que se dejan pasar simplemente porque traicionarían la esencia de la marca.

Sin embargo, Natalia también deja claro algo hermoso: hay pérdidas que en realidad terminan siendo ganancias.

La cosmética consciente y el impacto sobre la salud

El episodio también entra en una conversación muy importante sobre el cuidado personal consciente. Natalia explica cómo muchas personas todavía no entienden realmente el impacto que tienen los productos que usan diariamente sobre su cuerpo y su salud. La piel absorbe prácticamente todo lo que recibe, y aun así gran parte del consumo sigue ocurriendo desde la desinformación.

Ahí aparecen temas como los disruptores endocrinos, las fragancias artificiales y la importancia de aprender a leer etiquetas. Pero más allá de generar miedo, la conversación busca despertar conciencia.

Porque el verdadero problema no es solamente lo que consumimos, sino lo poco conscientes que somos al momento de consumir.

La inteligencia de la naturaleza y el valor de lo ancestral

Otro aspecto fascinante del episodio es la forma en que Naturesse conecta ciencia y conocimiento ancestral. Natalia habla sobre cómo muchas de las formulaciones nacen inspiradas en saberes tradicionales, en remedios naturales transmitidos por generaciones y en ingredientes que históricamente han sido utilizados por comunidades y familias.

Sin embargo, también explica algo clave: el verdadero reto está en validar científicamente esos conocimientos. Y ahí aparece un trabajo enorme donde se mezclan investigación, universidades, cooperación empresarial y desarrollo tecnológico para demostrar que esos ingredientes realmente funcionan.

Es un episodio que constantemente demuestra que tradición y ciencia no tienen por qué competir. Pueden complementarse.

Exportar, equivocarse y aprender a dar la cara

Uno de los momentos más humanos del episodio llega cuando Natalia cuenta la historia de la primera exportación de Naturesse hacia Perú. Lo que empezó como un sueño emocionante terminó convirtiéndose en una experiencia durísima: errores logísticos, una carga dañada, pérdidas económicas enormes y el aprendizaje brutal de entender que emprender también implica equivocarse públicamente.

Pero justamente ahí aparece otra vez el corazón de esta conversación. Porque más allá del error, lo que realmente marcó la diferencia fue la manera en que decidió responder: dando la cara, asumiendo responsabilidad y actuando desde la transparencia. Y quizá por eso ese cliente todavía sigue trabajando con Naturesse.

El verdadero valor de una empresa está en las personas

Hacia el final del episodio aparece probablemente la reflexión más poderosa de toda la conversación. Cuando se le pregunta qué estaría dispuesta a perder por mantener intacta la esencia de Naturesse, Natalia responde algo profundamente humano: cualquier cosa menos a las personas.

Y ahí se resume absolutamente todo.

Porque este episodio demuestra que el verdadero propósito empresarial no está únicamente en vender productos. Está en construir relaciones humanas más conscientes, empresas más coherentes y formas más responsables de habitar el mundo. Con Alma al Aire no solamente conversa aquí sobre sostenibilidad ambiental. Conversa sobre sostenibilidad humana. Sobre bienestar emocional. Sobre coherencia personal y colectiva.

Y quizás esa sea la gran conclusión de este episodio: el problema nunca ha sido hacer industria. El verdadero reto es cómo decidimos habitarla.

Con Alma AL AIRE 
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