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Dejé el Corporativo para Reencontrarme (Empezar de Nuevo)

El día que entendí que tenía el arte enclosetado

Hay frases que llegan en momentos específicos de la vida y que, sin previo aviso, terminan moviéndote por dentro. Hace algún tiempo, alguien me dijo algo que todavía recuerdo con total claridad: “Ve, loco… vos tenés el arte enclosetado.” En ese momento sonó como una conversación cualquiera, pero la verdad es que esa frase me golpeó fuerte, porque en el fondo sabía que tenía razón.

Durante muchos años construí una vida que, desde afuera, parecía exactamente lo que cualquiera podría llamar éxito. Había estudiado Economía y Negocios, tenía una carrera profesional sólida y trabajaba en una de las compañías farmacéuticas más importantes del país. Todo parecía ir por el camino correcto: estabilidad, crecimiento profesional, reconocimiento y una vida organizada alrededor de lo que socialmente nos enseñan que debemos hacer.

Pero había algo que nadie veía. Había una parte de mí que seguía guardada. Una parte que nunca desapareció, pero que sí aprendió a quedarse en silencio. Esa parte tenía que ver con la música, con la creatividad, con la comunicación, con la voz y, sobre todo, con el propósito.

Cuando la música parecía ser el camino

Mi historia con el arte no comenzó con este podcast. Mucho antes de que existiera Con Alma Al Aire, hubo una etapa de mi vida en la que decidí entregarme completamente a la música. Corría el año 2004 y durante varios años viví una de las experiencias más intensas y emocionantes de mi vida. Con mi banda empezamos a tocar en eventos, sonábamos en radio, recibíamos apoyo de medios importantes como Los 40 Principales y, honestamente, parecía que las cosas empezaban a alinearse.

Era una época llena de ilusión, energía y ganas de demostrar que sí se podía vivir del arte. Pero también era una industria completamente distinta a la de hoy. No existían las redes sociales, no existía la posibilidad de construir una audiencia propia desde plataformas digitales y muchas oportunidades dependían de dinámicas que hacían el camino mucho más complejo.

Finalmente, el proyecto no funcionó. La banda se acabó, los planes se derrumbaron y con ese golpe también sentí que una parte de mí volvía a guardarse. Fue como si el arte, una vez más, regresara al closet.

Volver al corporativo y sentir que algo no encajaba

Después de esa etapa regresé al mundo corporativo. Volví a lo seguro, a lo estable, a lo que parecía tener más sentido desde la lógica. Pasaron los años y construí una carrera de más de dos décadas en marketing, estrategia y desarrollo de marcas. Aprendí muchísimo, crecí profesionalmente y trabajé en ambientes de altísimo nivel.

Desde afuera, la historia seguía viéndose bien. Había resultados, cargos importantes, liderazgo y crecimiento económico. Pero mientras más avanzaba, más empezaba a sentir una desconexión interna difícil de ignorar.

No era cansancio. No era falta de disciplina. No era frustración profesional.
Era algo mucho más profundo.

Era la sensación de estar construyendo una vida funcional, pero cada vez más distante de quién realmente era.

La perspectiva que llega con los años

Con el tiempo empecé a entender que cada etapa de la vida tiene algo distinto para enseñarte. A los 20 tenés una energía brutal. Querés hacerlo todo, probarlo todo, correr, equivocarte, aprender y comerte el mundo. Pero muchas veces esa energía todavía no viene acompañada de perspectiva.

A los 30 empezás a encontrar cierto equilibrio. Seguís teniendo fuerza, pero comenzás a tomar decisiones con más conciencia.

Y cuando llegás a los 40 pasa algo muy poderoso. Tal vez ya no tenés la misma energía impulsiva de antes, pero ganás claridad. Empezás a ver con más precisión qué cosas te hacen sentido, cuáles ya no te representan y qué partes de tu vida necesitan una transformación.

Fue justamente ahí, entrando en mis 40, cuando entendí que no podía seguir ignorando esa parte de mí que llevaba años queriendo salir.

La conversación que lo cambió todo

En medio de ese proceso apareció un amigo con una idea aparentemente simple. Me dijo: “Ve loco… ¿por qué no hacemos un podcast?”

La pregunta parecía sencilla, pero despertó algo mucho más profundo. Después de más de 20 años trabajando en marketing, la respuesta lógica habría sido hablar de estrategia, branding, posicionamiento o comunicación empresarial. Pero cuando pensé en eso, sentí algo muy claro: no quería seguir hablando de marketing vacío.

Durante años había visto cómo muchas marcas y muchas estrategias estaban construidas para vender, pero no necesariamente para conectar. Había mucha técnica, mucha estructura y mucho discurso… pero muy poca alma.

Y fue ahí cuando entendí algo que me cambió completamente.

El problema nunca fue el marketing.
El problema era hacer marketing sin propósito.

Ahí empecé a entender que toda mi experiencia no debía dejarse atrás. Debía integrarse con algo mucho más auténtico, mucho más humano y mucho más real.

La historia que me ayudó a reconectarme conmigo

En medio de todo este proceso, recordé una película que siempre me marcó profundamente: Jerry Maguire. En esa historia, el protagonista llega a un punto donde entiende que el mundo de los negocios había perdido humanidad, conexión y propósito. Decide romper con todo y empezar de nuevo, guiado por algo mucho más profundo que simplemente el éxito profesional.

Y honestamente… me sentía igual.

Después de tantos años construyendo una carrera, empecé a preguntarme qué estaba dejando realmente en este mundo. Qué parte de mí estaba mostrando y cuál seguía reprimida.

La respuesta empezó a hacerse cada vez más evidente.

Así nació Con Alma Al Aire

Fue entonces cuando decidí volver a salir del closet. Pero esta vez no para volver únicamente a la música, sino para volver a mí. Así nació Con Alma Al Aire. No como un podcast más. No como una estrategia de contenido. No como una simple marca personal. Nació como una declaración.

Nació para hablar de propósito, liderazgo auténtico, marketing con sentido, marcas humanas, emprendimiento consciente y todas esas conversaciones que hoy más que nunca necesitamos tener.

Porque vivimos en un mundo lleno de ruido, automatización y fórmulas rápidas. Pero al final, seguimos siendo humanos. Y los humanos seguimos conectando con historias reales, con conversaciones honestas y con personas que tienen el valor de mostrarse tal como son.

Hoy entendí que no sabemos cuánto tiempo tenemos, pero sí podemos decidir cómo queremos vivirlo. Y yo decidí vivirlo … Con alma al aire.

Con Alma AL AIRE 
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